Un hombre llevaba años en el suelo.
No era noticia.
No era escándalo.
Era paisaje.
Todos los días lo dejaban en la puerta del templo. Todos los días pedía. Todos los días sobrevivía. Nada más.
Hasta que un día, Pedro se detuvo.
Y dijo algo que suena imposible:
—No tengo plata ni oro… pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
No fue motivación barata.
No fue optimismo vacío.
Fue autoridad en el nombre de Jesús.
Y el hombre se levantó.
Saltó. Caminó. Entró al templo.
Pero el milagro no era solo que sus piernas funcionaran. El milagro era que su historia cambió. Ya no estaba condenado a vivir en el suelo.
A veces leemos esto y pensamos: “Eso ya no pasa”.
Y tal vez lo que realmente pensamos es: “Yo no tengo esa fe”.
Yo tampoco voy por hospitales diciendo: “Levántate y anda”. Y si somos honestos, nos cuesta creer que algo así pueda ocurrir hoy.
Pero el punto nunca fue exhibir poder.
Fue revelar a Cristo.
Los milagros en Hechos no eran un show espiritual. Eran señales. Confirmaban que Jesús estaba vivo. Que su obra continuaba. Que la iglesia no caminaba sola.
Y sí, Dios sigue obrando.
A veces de forma extraordinaria.
A veces a través de médicos.
A veces mediante procesos silenciosos que nadie aplaude.
Pero el mayor milagro no es que alguien vuelva a caminar.
Es que alguien que estaba espiritualmente muerto… vuelva a vivir.
Porque la verdad es que todos hemos estado en el suelo.
Paralizados por culpa.
Paralizados por miedo.
Paralizados por decisiones que nos dejaron sin fuerzas.
Y Jesús ya pronunció una palabra sobre nosotros.
No dijo: “Arrástrate un poco más”.
No dijo: “Gánate otra oportunidad”.
No dijo: “Cuando mejores, hablamos”.
Dijo: Levántate y vive.
La cruz fue eso.
Estábamos condenados. Sin movimiento hacia la eternidad. Y Él tomó nuestro lugar para que la sentencia cambiara.
Tal vez no todos recibamos un milagro físico inmediato. Todos moriremos algún día. Pero la fe no se sostiene en la ausencia de enfermedad.
Se sostiene en la promesa de eternidad.
La pregunta no es si Jesús puede hacer un milagro en tu vida.
La pregunta es si reconoces el que ya hizo.
Estabas perdido.
Estabas lejos.
Estabas sin esperanza.
Y Él dijo sobre ti:
Levántate.
Y vive.
Porque creer no es exigir señales.
Es caminar sabiendo que ya fuiste levantado por gracia.
Leave a Comment