Ya casi no existe un momento vacío. Despertamos y vemos el teléfono. Esperamos el elevador: teléfono. Comemos solos: video. Vamos al baño: teléfono. Antes de dormir: teléfono. Incluso vemos televisión mientras sostenemos otra pantalla.
Ya casi no existe un momento vacío. Despertamos y vemos el teléfono. Esperamos el elevador: teléfono. Comemos solos: video. Vamos al baño: teléfono. Antes de dormir: teléfono. Incluso vemos televisión mientras sostenemos otra pantalla.
Agenda llena, mensajes pendientes, reuniones, llamadas y la sensación permanente de no tener tiempo. Nos acostumbramos tanto a estar ocupados que terminamos usando el cansancio como evidencia de que estamos avanzando. Pero ¿realmente es así?
Millones observan a un grupo de famosos convivir frente a cámaras las 24 horas. Discutimos, elegimos favoritos, juzgamos y votamos. Pero quizá llevamos años mirando hacia el lugar equivocado: el experimento social más interesante no está dentro de la casa, sino frente a la pantalla.